domingo, 7 de junio de 2020


Desde mi balcón

EL DÍA QUE CAYÓ UN RAYO EN EL MUSEO.

Por Luis Gerardo Castro Castañeda.


Recuerdo que la gente se subió a los techos de las casas de la “calle de las poetas” por donde salió el maestro, cargado por sus empleados y pintores del municipio. Todo era silencio; al llegar al parque me impresionó ver que no había espacio libre, todo estaba lleno, incluso las personas se subieron a los árboles para no perderse detalle de este último adiós a Omar Rayo Reyes.

Ese día estaba donde mis padres, cuando recibí una llamada donde me informaban que el maestro Rayo había muerto. La noticia me impresionó mucho, salí en mi moto rumbo al museo Rayo allí todo era tristeza y silencio, indagué sobre la noticia la cual me confirmaron.
Era alcalde Jhon William Alba, y yo era su jefe de prensa, me puse a disposición de la prensa nacional e internacional que llamaban para confirmar la noticia.
Varios recuerdos de esos días. Nunca antes había visto tanta gente a la expectativa de un velorio o   un sepelio. Pero ese día todo el pueblo salió a la calle a despedir a su paisano más ilustre. El hombre que había puesto a su pueblo en el mapa de la cultura del mundo.

Uno de los módulos de su “hijo bobo” como él lo llamaba, se convirtió en la sala de velación de los restos mortales de su creador.
Ahora, 10 años después, me siento a escribir lo que recuerdo de esa fecha lamentable para la cultura y sobre todo las artes plásticas del país.

El día de su sepelio recuerdo, que la gente se subió a los techos de las casas de la “calle de las poetas” por donde salió el féretro del maestro, cargado por sus empleados y pintores del municipio. Todo era silencio; al llegar al parque me impresionó ver que no había espacio libre, todo estaba lleno, incluso las personas se subieron a los árboles para no perderse detalle de este último desfile de Omar Rayo Reyes hasta el templo de San Sebastián donde se realizaría la ceremonia fúnebre.

El templo estaba a reventar, todas las autoridades del municipio, el gobernador del valle de esa época, políticos, artistas del país, gente de la farándula estaban allí y gente del común estábamos también para despedir a Rayo.

“Viste, la gente si te quería” recuerdo que dijo en la ceremonia la poeta Águeda Pizarro, la esposa del maestro.
Luego de la larga ceremonia, de nuevo el regreso del maestro Rayo a su museo.

Recuerdo que en alguna entrevista de las varias que tuve el privilegio de realizarle, Rayo me había dicho que él quería cuando muriera ser enterrado en el museo, y señaló el lugar donde en efecto fue sepultado.
Allí en ese lugar escogido por él mismo, se realizó una ceremonia íntima; solo la familia, empleados del museo, el alcalde del pueblo y yo pudimos ser testigos del momento en que los restos mortales de Omar Rayo ingresaban al suelo de su museo que tanto amó.

Tengo la imagen de Juan José Madrid, que por esa época ya no laboraba en museo, pero que fue junto con Águeda Pizarro (la esposa) y Sara Rayo (La única hija) quienes estuvieron al frente de esta terrible responsabilidad de dar el último adiós al hombre más importante de la cultura de esta tierra del alma.

No sé por qué no escribí antes estas letras; hoy en día se me escapan algunos detalles, pero recuerdo haber estado allí en uno de los hechos históricos más tristes para Roldanillo y el arte del país.

Hoy busco el audio de varias de las entrevistas que le hice para diferentes medios y encuentro una que me dejó muy impresionado.
Esta entrevista me la concedió apenas unos días antes de su muerte cuando se recuperaba de un impase de salud que por esa época había tenido.
Yo le pregunté: “Maestro como le gustaría que lo recordaran? Recuerdo que sin titubear respondió: Como un creador.

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